“Cuenta la leyenda que el Palacio de Linares permaneció
cerrado con cien llaves durante un siglo… Contigo empieza una nueva historia”.
Con este sugerente claim nos reciben los ya famosos fantasmas de Casa América
para hacernos pasar una noche de miedo. Y no por lo paranormal, sino más bien
por lo gastronómico.
Juanjo López Bedmar (La Tasquita de Enfrente) y Diego Cabrera (Le Cabrera) han perdido todo temor a este palacio encantado y se han
instalado en su corazón, en las cocinas, para ofrecernos una carta de ensueño y
unos cócteles de infarto en su espectacular jardín.
De los fogones de Cien Llaves, que así se llama, salen unos
platos desenfadados, informales y asequibles, en contra de lo que pueda
parecer. Todos ellos muy inspirados en lo casero, guisos tradicionales,
croquetas, ensaladilla rusa, arroces (espectacular el cremoso de carabineros)…
Una carta basada en el producto español de primerísima calidad que no deja de
lado una exquisita presentación y gusto por el detalle y algún que otro toque
internacional que aportan, por ejemplo, la corvina o la ternera en tartar.
Son todas ellas opciones que pueden degustarse además dentro
de distintos menús, en especial el que tienen a diario a un precio de 28 euros.
A la carta, comer o cenar no es mucho más elevado. Por unos 35-40 euros uno se
puede hacer buena idea de la cocina de Cien Llaves y de su exquisito ambiente.
La decoración sigue la estela del palacio en sus lámparas y
mesas. El punto vintage lo traen elementos como las jaulas de perdiz o el papel
de algunas paredes, con motivos vegetales. La iluminación cálida y acogedora
hace que sea perfecto para cenar en pareja, dejando para grupos alguno de sus
reservados.
La posibilidad de cenar en el jardín completa la
experiencia. Sus dimensiones y frondosidad no se aprecian desde el Paseo de la
Castellana y, desde luego, impactan. Cenar a media luz entre sus árboles supone
olvidarse por unas horas del bullicio del centro de Madrid y vivir una noche
mágica.
Tras la cena, en la zona de copas, la buena mano del Grupo Cabrera en los cócteles asegura un estupendo inicio de noche. El chill out
estilo beach club es una de las mayores sorpresas que alberga este
histórico edificio, un lugar único alejado del estrés del centro neurálgico de
la capital. Un lujo al alcance de casi cualquiera.

























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